
DOMINGO 9:30. Mi recuerdo musical más antiguo es “Ella se llamaba Marta” a todo volumen, desde la casa de mi vecina Marta, allá en Tepepan y alrededor del 80’. Sin embargo, la verdad es que no estoy seguro que mi vecina se llamara así, ni que la canción no la haya oído en realidad, en otro lugar y varios años después, pero me gusta pensar que fue como lo cuento, no sólo porque estoy casi seguro que es cierto, sino porque –y esto es mucho más importante- me ahorra tiempo en pensar otra frase introductoria, sobretodo ahora que voy tarde en entregas, con el Chino.
LUNES 11:45. Ok… ahora veo que haber empezado con aquella introducción fue un error; ni es tan buena, ni me está ayudando para nada. Sin embargo, y aunque estoy completamente inseguro de hacia dónde voy, arriesgo a decir que es a que Napoleón, el gran baladista, me ha soundtrackeado la vida y siempre en un mood buena onda,
MIÉRCOLES. 7:00 Este disco de éxitos, uno de mis grandes favoritos, lo oigo, mayormente, cuando quiero desfragmentarme la cabeza. Cada tanto tiempo, cuando me harto de la mediocridad existencial y sonora del pinche rock de cagada (ando en esos días), que es lo que más oigo, me acuerdo que hay luz al final del túnel y acudo a mejores mediocridades, como por ejemplo, a la del gran y sensible JL Perales, a la del cuasi futbolista Roberto Carlos o, en el caso que nos concierne, al jefe Napoleón, a quien me gusta llamar, el último de los grandes baladistas, aún sin estar convencido que en realidad lo sea.
JUEVES. 1:30. Vi por ahí que Napoleón estaba de regreso. No sé si reír o llorar. Me alegra que ande por ahí, pero me derrota imaginarlo en un auditorio menor a su categoría, lleno de gente que se ganó los pases en 97.7 y espera que Napoleón lleve algún invitado conocido.
VIERNES: 1:44. Otro motivo, muy principal, por el que “toco” (dirían los agrandados djs) los éxitos del jefe Napoleón, y es porque seguramente me he emborrachado y quiero pasármela alegre. Y ahí llego, por fin, al punto medular de porqué considero este disco como uno de los enormes: tiene la grácil facilidad de ponerme de buenas, en las peores circunstancias. Digamos, por ejemplo, que voy en el tráfico y noto que me estoy mentando la madre con tipos que a todas luces podrían matarme con sus propias manos. Entonces, me relajo y le doy play al Napoleón: “Eres… por tu forma de ser conmigo, lo que másss quiero. Eres mi timón, mi vela, mi barca, mi mar, mi remo”. Y tan tan, el humor me ha cambiado, probablemente, salvándome la vida. Otro caso: mi jefe del trabajo me ha puesto una cagada inmerecida. Me relajo y le doy al play de nuevo: “Ella me clavó una espina en medio del alma y me dijo adiós. Ella se fue una mañana y dejó la casa llena de dolor. Ella me dejó llorando, si olvidar pudiera, si pudiera yo.” Y todo vuelve a marchar bien, aunque siga odiando a mi jefe.
VIERNES 3: 00. En fin, el punto es que este disco no sólo compendia lo indispensable de Napoleón (si no es que lo mejor), sino que evoca los días de los grandes baladistas, épocas perdidas donde la música no tenía mayor compromiso que el de hacer pasar un momento agradable al escucha. Y a mí, en mi muy soberbia opinión, me parece que “Los éxitos” de Napoleón, lo logra cabalmente.
VIERNES 3:05 ¿Qué habrá sido de mi vecina Marta?
-Escrito por Daybit -
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